¿sueño o realidad?
Quedamos para tomar algo, después de más de quince años sin vernos, teníamos que ponernos al día y contarnos mucho. Quizás fueron las ganas de estar solos, poder hablar sin tapujos y sin nadie que estuviera escuchando alrededor o por tener algo de intimidad y no hubieran habladurías más tarde. Acepté su invitación y subí a su casa… Era un maravilloso ático con unas vistas increíbles donde podía ver todo el mar a mi izquierda y a mi derecha una montaña con sus casitas, cada una de una manera distinta, pero todas a los pies de esta misma casi rozando el mar. — ¿Qué te apetece tomar? ¿Café, té, un refresco…? ¿A mí…? — ¿Qué? — Estaba de broma mi niña— rió y su risa era angelical, esa risa que te atrae, como el canto de las sirenas a los marineros de alta mar— ¿que quieres entonces, tesoro? — Si tienes café, un café solo y sin azúcar, por favor. — Perfecto. Dejó mi taza de ca...