Acabé de trabajar y miré mi móvil.
- ¿Cómoooo 106 WhatsApp? ¿Pero que leches ha pasado?
Así que harta de tirarme horas leyendo fui a lo fácil, le escribí a mi amiga July que estaba en el grupo.
- Hola nena, ¿Alguien se ha muerto para que haya tantos WhatsApp?
- Hola flor, no. Tienen pensado hacer una ruta al Puig campana, es una montaña que está súper chula con unas bonitas vistas, yo ya me he apuntado y perdóname, pero también te he apuntado a tí.
- Que cabrona eres, anda que me preguntas primero, jajaja… ¿Quién más se ha apuntado?
- Santi, Elvira, Zack, tú y yo.
- ¿¿¿Solo???
- Sí
- ¿Y la ruta cuando es?
- Este domingo, saldremos sobre las 8 para llegar al pueblo y a la falda de la montaña sobre las 9;30-10. De ahí tomaremos un café y empezaremos a subir, han dicho de hacer la ruta buena porque la otra es un poco fuerte para empezar.
Llegó el día, dejo mi coche junto al de July y veo de Santi y Zack.
- ¿Y Elvira?
- No viene, salió anoche y no se puede mover d...
Otro día en la oficina, esto de los impuestos me está dejando muerta. Por suerte, hoy era el último día y se nos ha hecho las 23h, presentándolos. — Analía, ¿Has terminado ya? Yo estoy muerta y quiero irme a casa — dijo María poniendo su cabeza sobre la mesa. — No tía, me falta los de la empresa Tiki Taka y el de las chuches. Vete si quieres. Lo único que te pido es que cierres la puerta con llave. Escucha…, ¿has oído? — No. ¿Qué tengo que oír? —aun con su cabeza en la mesa. — Tía la puerta. ¿Has cerrado después de que trajeran la cena? — Si —dice María levantándola y mirándome. — ¿Seguro? — ¡Joder voy! Qué pesá. — se levantó pegando zancadas hasta llegar a la entrada. Oí como echaba la llave. — ¡¿Cómo estaba?! — ¡Hostia, que si me la había dejado abierta! — puse mi mano sobre mi frente, negando, con esta mujer algún día nos darán un susto. — ¿En serio? Tía, imagínate que hubiera entrado alguien, ¡joder! — Mira nena, me quedo aquí contigo y punto. Así no te quedas sola...
Nos conocimos a través de una red social. Todo empezó con una simple amistad, nos preguntábamos, qué tal el día, como iban los relatos que escribíamos y poco más. Un día empezamos a profundizar al hablar en nuestras conversaciones, de cómo por ejemplo: me encanta la ropa que llevas, tu voz me gusta o joder ¿ése eres tú? “Estás muy bueno”. Cada día, seguíamos hablando cada vez más, nos ansiaban las ganas de poder conocernos y por fin vino ese día. — Sabes que quizás sea sólo un café, ¿verdad? Sabes que a veces no tengo mucho tiempo…— dije yo, porque prefería ser algo negativa a ponerlo todo de color de rosa y después quisiera alguno de nosotros salir despavorido y poner la excusa de “uy que tarde se me ha hecho”. — Si lo sé y me voy a arriesgar “como tú dices” a hacer un viaje de una hora para conocerte. Yo estaba nerviosa no, lo siguiente… Llegó la hora, anteriormente le había mandado la ubicación de la cafetería. A las 16h, yo estaba llegando cuando recibí un me...
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