A oscuras...
Otro día en la oficina, esto de los impuestos me está dejando muerta. Por suerte, hoy era el último día y se nos ha hecho las 23h, presentándolos. — Analía, ¿Has terminado ya? Yo estoy muerta y quiero irme a casa — dijo María poniendo su cabeza sobre la mesa. — No tía, me falta los de la empresa Tiki Taka y el de las chuches. Vete si quieres. Lo único que te pido es que cierres la puerta con llave. Escucha…, ¿has oído? — No. ¿Qué tengo que oír? —aun con su cabeza en la mesa. — Tía la puerta. ¿Has cerrado después de que trajeran la cena? — Si —dice María levantándola y mirándome. — ¿Seguro? — ¡Joder voy! Qué pesá. — se levantó pegando zancadas hasta llegar a la entrada. Oí como echaba la llave. — ¡¿Cómo estaba?! — ¡Hostia, que si me la había dejado abierta! — puse mi mano sobre mi frente, negando, con esta mujer algún día nos darán un susto. — ¿En serio? Tía, imagínate que hubiera entrado alguien, ¡joder! — Mira nena, me quedo aquí contigo y punto. Así no te quedas sola...